Comprender o reaccionar

El eterno enemigo de un Analista Técnico, por sorprendente que parezca, es su propia inteligencia. Esa pequeña voz (a veces no tan pequeña) que siempre está susurrándonos un sentido, una lógica, una presunta causa sobre lo que está sucediendo en el mundo y los mercados. O peor, sobre lo que va a suceder.

Efectivamente, en otras áreas de la vida nuestra inteligencia es nuestra aliada. Un ingeniero necesita comprender los fenómenos implicados en el fluir de un río para construir un puente. Un médico necesita descubrir qué molécula está causando, por defecto o por exceso, los síntomas de su paciente para poder darle una cura. Incluso en mitad del tráfico, usamos nuestra inteligencia a diario (con mayor o menor éxito) para intentar minimizar el tiempo de desplazamiento de un lugar y otro.

Pero los mercados no responden a la fuerza de la razón. A posteriori podemos concatenar acontecimientos, sucesos que parecían inconexos, mediante una línea argumental que nos hará sentirnos cómodos sobre lo sucedido, hasta decirnos: “ahora comprendo”.

Pero ni siquiera a toro pasado podemos comprobar si nuestra línea argumental es la correcta, porque no podemos volver a poner a prueba lo sucedido en el pasado. Nuestro argumento tranquilizador sólo nos sirve para comprender el mundo en el que vivimos, y no sufrir la angustia de pensar que vivimos en un mundo que puede serlo todo menos razonable.

Así, las tentaciones no cesarán. Los medios y la industria nos venderán una “lógica” de lo sucedido, y especularán con lo que podría suceder. Por ejemplo el próximo dato de paro, si es mejor de lo esperado, ¿hará subir o bajar los mercados? Si es peor de lo esperado implicará una economía más débil, con menor demanda. Por lo que la primera respuesta lógica sería esperar que los mercados se lo tomasen mal y se produjeran bajadas. Pero si un dato malo de paro es interpretado como una razón más para que la Reserva Federal incremente su programa de estímulos cuantitativos (creación de dinero), entonces puede hacer subir a los mercados. Por lo tanto, independientemente de cuál sea el dato de paro que al final se conozca y la reacción de los mercados, siempre tendremos una “cadena de pensamientos” aparentemente lógica que, a posteriori, nos haga pensar que lo que ha sucedido es algo lógico. Esta cadena, tan falsa e inútil como cualquier imagen de la realidad construida con elementos dispersos, será la que la prensa utilice para llenar sus siempre hambrientas páginas de comentarios intrascendentes.

Entonces, si a priori es irrelevante el resultado de un dato o una noticia, ya que lo que importa es la interpretación que le dará el mercado y dicha interpretación es tan volátil y arbitraria como la propia noticia, ¿qué sentido tiene intentar comprender las causas de los movimientos de los mercados? ¿De qué sirve que nos esforcemos por comprender qué está pasando?

¿No sería una actitud mucho más “inteligente” y provechosa el limitarnos a observar los gráficos, identificar dónde los precios se congestionan, se frenan o se disparan, para reaccionar a lo que hagan los mercados en vez de intentar comprenderlos?

Como en nuestro anterior post sobre el IBEX-35, donde analizamos de manera muy sencilla la rotura de su canal alcista desde junio y la incapacidad de superar resistencias, no necesitamos recurrir a los problemas que tiene la Unión Europea con los países periféricos porque no necesitamos comprender lo que ocurre o motiva los movimientos: Sólo necesitamos reaccionar a los gráficos.

No intentar comprender nos producirá dos grandes beneficios. Por un lado nos ahorraremos muchos dolores de cabeza y discusiones vacías con otros analistas. Y por otro, nuestro bolsillo lo agradecerá. Parafraseando al maestro André Kostolany, el dinero no entiende de causas, sólo de acciones.

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