Cartas de Navegación

Todo aventurero que se lance a explorar mares desconocidos necesita siempre alguna que otra carta de navegación que nos avise de los peligros ocultos, escondidos a la vista, que encierra cualquier travesía. Sin ella, sólo contamos con lo que nos han contado, hemos oído alguna vez, y nuestro instinto. Un instinto que quizá no sea el más apropiado para sobrevivir a la naturaleza de esa bestia que llamamos Mercados, y que nada tiene que ver con los desafíos a los que como especie hemos tenido que responder durante miles de años y para los que estamos configurados psicológicamente. Un aprendizaje constante se vuelve entonces imperativo si queremos sobrevivir.

En el Análisis Técnico, como en cualquier otro tema, podemos encontrar muchas de esas cartas de navegación, o bibliografía, que nos guiará en tan complicada aventura. En realidad lo difícil es seleccionar con qué libros, hay cientos dedicados al tema, vamos a empezar a construir nuestra particular biblioteca. Una biblioteca que, en última instancia, se convertirá en nuestra particular Academia Militar, donde aprenderemos mejor o peor a batirnos en el campo de batalla.

Toda selección es forzosamente arbitraria y sesgada por la trayectoria y preferencias de cada uno. Aquí pues vamos a analizar los que desde nuestro punto de vista son las auténticas “biblias” del Análisis Técnico, y que consideramos todo interesado seriamente en el Análisis Técnico debería por lo menos leer alguna vez:

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Paciencia y brócoli

El romanescu, un híbrido entre brécol y coliflor, es una de las verduras que, por su extremo parecido con los mercados, mejor nos puede recordar algo absolutamente necesario a la hora de emplear el Análisis Técnico: lo que sirve para el largo plazo, sirve igualmente para la rabiosa operativa intradía.

¿Nunca le ha pasado que al acercarse a un monitor con gráficos del mercado, no ha sabido la escala de tiempo en la que estaban representados? Efectivamente, si no miramos el eje horizontal, nos resultará imposible “adivinar” si estamos viendo un espacio de unas horas, de varios días o varios años: todos los gráficos “parecen iguales”.

A esta invariancia de las propiedades o aspecto de algo, con respecto a la escala, se le llama propiedad fractal. Fractales encontramos todos los días, desde los dientes en forma de sierra recursiva de los cuchillos japoneses, pasando por las hojas de los helechos, hasta este extraño familiar del brócoli cuya estructura responde a una fórmula recursiva con la que podemos generarlo directamente en el ordenador.

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Las bandas de Bollinger y la botella medio vacía

A la hora de poder decir si un mercado está sobrecomprado, sobrevendido, o ha iniciado una tendencia, uno de los indicadores técnicos más utilizados es el que ideó John Bollinger a principios de los años ’80.

La idea es muy sencilla. Se trata de plasmar gráficamente “cuánto” se están desviando los precios de su media.  Para ello, Bollinger recurrió a la estadística tradicional y en concreto a la curva de distribución llamada normal o campana de Gauss.

Si representamos gráficamente la frecuencia de distribución de rentabilidades de los precios (por ejemplo del petróleo) durante un periodo dado, nos saldrá algo parecido a esto:

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¿Qué indicador compro?

Seleccionar las herramientas para invertir se parece cada vez más a ir a un concesionario de coches. Siglas como ABS, ESP, WOKS, EDS, ASR, etc. pueblan los folletos de tal manera que, a no ser que seamos unos “entendidos”, nos parecerá que el fabricante está profiriendo extraños conjuros para aumentar nuestra seguridad, o quizá para propiciar nuestra compra.

De la misma manera, al acercarse por primera vez al mundo de la inversión y en particular del Análisis Técnico, a uno le puede parecer que inicia un descenso a los infiernos de la alquimia más esotérica, con extraños vocablos de siglas tan exóticas como las que usan los fabricantes de automóviles. Efectivamente, hay una inmensa variedad y riqueza de indicadores a los que podemos tener acceso. Echando un vistazo a algún clásico del tema como el Murphy, o empezando a usar alguna de las plataformas de trading más populares (como VisualChart o TradeStation por ejemplo), se nos ofrecen cientos, si no miles, de indicadores para elegir.

Así que antes de empezar a elegir, lo primero que hacemos es preguntarnos, ¿qué es un indicador técnico?

Un indicador, en el contexto del Análisis Técnico, es conceptualmente una función que nos permite “ver” el comportamiento de los precios desde nuevas perspectivas. Es decir, se trata de una “digestión” o “traducción” de los precios que ya vemos graficados en nuestra pantalla, para que podamos identificar mejor aquellas condiciones que intuitivamente ya observamos, pero cuya inmediata percepción carece de la precisión necesaria para tomar decisiones.

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Exceso de confianza y validez del Análisis Técnico

El VIX, indicador del “miedo”, se ha vuelto a situar en niveles mínimos tras el crash de 2008. Esto es, nos avisa de la posible cercanía de un techo para las Bolsas, cuando no la de un violento giro a la baja.

¿En qué nos basamos para poder decir esto desde un punto de vista puramente técnico? En el doble suelo que parece que ha formado el índice VIX a finales del año pasado y principios de este, que coincide precisamente con el suelo de abril pasado, momento en el que las bolsas empezaron la fuerte corrección de mayo:

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Un mercado alcista necesita alimento para seguir subiendo. Esa energía la consigue a partir de las dudas de los inversores que no creen en mayores subidas, del miedo que sienten sus actores. Sin miedo, no hay gasolina para seguir subiendo. Y ese miedo ha desaparecido demasiado deprisa.

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Análisis técnico para el largo plazo

En Invertir en Bolsa hemos visto la evolución de los grandes ciclos en Bolsa, apoyándose en valoraciones fundamentales. Si observamos los gráficos, no podemos dejar de fijarnos en que, incluso cuando hablamos de un siglo de historia, las ideas que ya hemos comentado aquí sobre las tendencias, siguen aplicándose perfectamente.

Efectivamente, el Análisis Técnico no sólo le sirve al compulsivo day-trader que quiere realizar al menos una operación al día, aplicando sus conceptos en barras de pocos minutos. También le es útil al inversor de largo plazo, pues le puede dar una idea, más allá de sus valoraciones fundamentales y de forma totalmente independiente, de si es buen momento o no para entrar o salir del mercado. En muchas ocasiones es mejor tomar una decisión de largo plazo que muchas de corto plazo, pues suele estar mejor fundamentada y tomada con mayor tranquilidad, sin la presión del “día a día”.

Si observamos el  gráfico de largo plazo de ese artículo, pero esta vez nos fijaremos sólo en las líneas de tendencia que, a muy largo plazo, han acompañado la marcha del índice S&P-500, que usamos como representante de la inversión en Bolsa.

En el gráfico dibujaremos lo que a veces se llama un “pasillo de tendencia” o “canal alcista”. Esto es, un par de líneas (no necesariamente del todo paralelas) que contienen la gran mayoría de la serie histórica cotizada. De esta forma, nos hacemos una idea clara de cuándo el activo está sobrevalorado y no interesa comprar, o cuando el activo está infravalorado y se vuelve muy atractivo.

En el gráfico podemos observar cómo el pasillo o canal ayuda a localizar los periodos previos al Crash de 1929 y al del año 2000, como los más sobrecomprados (cotizando muy por encima del canal), a largo plazo, de todo el siglo XX. Curiosamente, en estos momentos volvemos a acercarnos a la línea de tendencia superior de sobrecompra, que pasaría por el entorno del nivel 1300. Un nivel que podemos considerar actualmente como de fuerte resistencia.

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Tendencia y divergencia

Una de las ventajas que tenemos al analizar técnicamente el mercado es, como vimos en el post anterior, no necesitar ningún argumento o justificación externa a la propia evolución de los precios. Además, los razonamientos técnicos nos servirán para cualquier tipo de activo cotizado en un mercado libre (que sea más o menos libre, o más o menos manipulado, es otro cantar).

Es decir, podemos utilizar los mismos argumentos tanto para comprender la evolución del Ibex-35, como vimos en nuestro primer post, o cualquier otro activo, sea oro, ladrillo o alcachofas del mercado. Las técnicas serán por lo tanto universales, en el sentido de que nos servirán para cualquier cosa cotizada al ser su psicología subyacente siempre la misma (el ser humano es siempre el mismo, comercie con lo que comercie).

Por ejemplo, aplicaremos hoy losconceptos de tendencia y divergencia. Sobre un índice financiero, o sobre cualquier otro tipo de activo del que dispongamos de su serie histórica de precios.

Como en cualquier otro conceptodefinido artificial y arbitrariamente, cuanto más estricta sea su definición, más fácil será utilizarlo (en el sentido de menor ambigüedad) pero menos ejemplos encontraremos para aplicarlo.

Podríamos empezar diciendo queexiste tendencia en una serie de precios cuando dichos precios “tienden” a moverse en una misma dirección. Por ejemplo, a finales de los años ’90 y principios de los 2000, todos habíamos interiorizado tanto la “tendencia alcista” (los precios más recientes siempre eran superiores a los anteriores) de los precios inmobiliarios que casi resultaba una herejía decir o pensar que algún día podían bajar (es decir, perder su tendencia alcista). Hasta que llegó 2007 y los sucesivos precios dejaron de ser superiores a sus anteriores:

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Comprender o reaccionar

El eterno enemigo de un Analista Técnico, por sorprendente que parezca, es su propia inteligencia. Esa pequeña voz (a veces no tan pequeña) que siempre está susurrándonos un sentido, una lógica, una presunta causa sobre lo que está sucediendo en el mundo y los mercados. O peor, sobre lo que va a suceder.

Efectivamente, en otras áreas de la vida nuestra inteligencia es nuestra aliada. Un ingeniero necesita comprender los fenómenos implicados en el fluir de un río para construir un puente. Un médico necesita descubrir qué molécula está causando, por defecto o por exceso, los síntomas de su paciente para poder darle una cura. Incluso en mitad del tráfico, usamos nuestra inteligencia a diario (con mayor o menor éxito) para intentar minimizar el tiempo de desplazamiento de un lugar y otro.

Pero los mercados no responden a la fuerza de la razón. A posteriori podemos concatenar acontecimientos, sucesos que parecían inconexos, mediante una línea argumental que nos hará sentirnos cómodos sobre lo sucedido, hasta decirnos: “ahora comprendo”.

Pero ni siquiera a toro pasado podemos comprobar si nuestra línea argumental es la correcta, porque no podemos volver a poner a prueba lo sucedido en el pasado. Nuestro argumento tranquilizador sólo nos sirve para comprender el mundo en el que vivimos, y no sufrir la angustia de pensar que vivimos en un mundo que puede serlo todo menos razonable.

Así, las tentaciones no cesarán. Los medios y la industria nos venderán una “lógica” de lo sucedido, y especularán con lo que podría suceder. Por ejemplo el próximo dato de paro, si es mejor de lo esperado, ¿hará subir o bajar los mercados? Si es peor de lo esperado implicará una economía más débil, con menor demanda. Por lo que la primera respuesta lógica sería esperar que los mercados se lo tomasen mal y se produjeran bajadas. Pero si un dato malo de paro es interpretado como una razón más para que la Reserva Federal incremente su programa de estímulos cuantitativos (creación de dinero), entonces puede hacer subir a los mercados. Por lo tanto, independientemente de cuál sea el dato de paro que al final se conozca y la reacción de los mercados, siempre tendremos una “cadena de pensamientos” aparentemente lógica que, a posteriori, nos haga pensar que lo que ha sucedido es algo lógico. Esta cadena, tan falsa e inútil como cualquier imagen de la realidad construida con elementos dispersos, será la que la prensa utilice para llenar sus siempre hambrientas páginas de comentarios intrascendentes.

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La tribu de los “pintarrayas”

Cualquiera puede tomar un gráfico y ponerse a pintar rayas sobre él. ¿Pero de qué sirve que un niño subraye con lápices de colores el borde de un dibujo?

Éste es, básicamente, el argumento que tanto el mundo académico como el del Análisis Fundamental, sacan a relucir contra los informes basados en el Análisis Técnico.

Dicho con más propiedad, lo que quieren decir es que dada la representación de cualquier serie histórica de precios, será siempre posible dibujar líneas que, a posteriori, puedan tener significado para quien mira el gráfico. Independientemente de si dichas líneas se hacen sobre la evolución histórica del IBEX, o sobre la representación gráfica de una serie de 1000 lanzamientos de una moneda al azar.

La crítica más fuerte proviene de si esas “rayas” –y otras figuras más complejas que veremos-, dibujadas sobre la cotización de un activo real o sobre un proceso al azar, tienen o no un poder predictivo suficiente como para ser tomadas en consideración.

Existen multitud de estudios, con resultados contradictorios, que intentan responder a la cuestión de una forma científica. Sin embargo, no abordaremos aquí la polémica basándonos en trabajos de otros. Pasemos primero a la práctica, y luego que cada uno saque sus propias conclusiones.

Tomemos por ejemplo la evolución del IBEX durante desde principios de este año 2010, y hasta el día en el que escribo estas líneas, 10 de noviembre de 2010.

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He “pintado dos rayas” sobre él. Una roja horizontal cercana al nivel de los 11.000 puntos, y otra azul ascendente siguiendo los mínimos sucesivos que se han ido formando desde el pasado junio.

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El porqué de los porqués

¿Ha intentado alguna vez comprender por qué los mercados se mueven como lo hacen? ¿Por qué una noticia muy mala sirve un día para hundir las Bolsas y otro para hacerlas subir? ¿Por qué si una compañía tiene sólidos fundamentales se está derrumbando en Bolsa y otra que vende humo parece no tener techo? ¿A qué atenerse a la hora de comprar o vender cierta acción, cierta divisa o materia prima?

 Si las noticias se pueden interpretar de forma distinta según el humor de cada momento, ¿qué sentido tiene intentar comprender algo –macroeconomía, contabilidad…- en los mercados? Peor aún, si creemos que al “acertar” cierto movimiento en Bolsa hemos encontrado la forma correcta de interpretar las noticias, sólo nos faltará apostar demasiado a la siguiente interpretación del dato del paro americano, para descubrir que no hay manera de encontrarle una lógica al mercado, arruinándonos por el camino.

 En estos días, otoño de 2010, la Bolsa se debate entre considerar positivos o negativos unos datos macroeconómicos decepcionantes. La lógica actual, la que cotizan los precios, es que si el paro aumenta, la Reserva Federal Americana proporcionará otro paquete de ayudas, lo que hará subir al mercado. Es decir, estos días, para que la Bolsa suba, se piden malos datos; por paradójico, irracional y contra natura que parezca.

 Sin embargo, en otras épocas, o quizá la semana o el mes próximo, dicha lógica se invierta y el mercado empezará a cotizar negativamente noticias malas, como ya ha hecho en otros periodos del pasado. Entonces, ¿qué sentido tiene intentar “analizar” el trastorno maniaco-depresivo de los mercados? En vez de macroeconomía, necesitamos un psiquiatra que sepa anticipar los cambios de humor de un enfermo que sabemos incurable…

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